El mundo es pasajero
24/enero/2012, 06:00 am. 79 lecturas. 0 comentarios.
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El mundo es pasajero

“Hermanos: les quiero decir una cosa: el tiempo apremia…los que compran como si no compraran; los que disfrutan como si no disfrutaran de él; porque este mundo que vemos es pasajero”
 (1 Cor 7, 29-31).

Mons. Rogelio Cabrera López

Cuando nos detenemos a contemplar el mundo en que vivimos, tristemente, podemos darnos cuenta que muchas de las cosas por las que se optan, son pasajeras.

Muchos de los esfuerzos emprendidos, están motivados más por las plusvalías, status, disfrutes, etc., que por la realización plena que se consigue.

Este tiempo en que la economía tanto personal, como familiar, se ve debilitada, en crisis recurrente, seguramente sucede porque todo se proyecta para satisfacer intereses personales que en gran parte son superfluos.

Sin embargo hay que entender que la economía, debería ser una acción social que ayude al ser humano a cumplir con la voluntad de Dios, para llevar una vida digna a quien se le ha confiado la administración de todo y de lo que deberá dar cuentas.

El Papa Benedicto XVI, en su encíclica Caritas in Veritate, al respecto de la acción económica dice: La Iglesia sostiene siempre que la actividad económica no debe considerarse antisocial. Por eso, el mercado no es ni debe convertirse en el ámbito donde el más fuerte avasalle al más débil. La sociedad no debe protegerse del mercado, pensando que su desarrollo comporta ipso facto la muerte de las relaciones auténticamente humanas. Es verdad que el mercado puede orientarse en sentido negativo, pero no por su propia naturaleza, sino por una cierta ideología que lo guía en este sentido. No se debe olvidar que el mercado no existe en su estado puro, se adapta a las configuraciones culturales que lo concretan y condicionan. En efecto, la economía y las finanzas, al ser instrumentos, pueden ser mal utilizados cuando quien los gestiona tiene sólo referencias egoístas. De esta forma, se puede llegar a transformar medios de por sí buenos en perniciosos. Lo que produce estas consecuencias es la razón oscurecida del hombre, no el medio en cuanto tal. Por eso, no se deben hacer reproches al medio o instrumento sino al hombre, a su conciencia moral y a su responsabilidad personal y social” .(35)

La Iglesia sostiene la bondad de la actividades económicas si éstas están al servicio de la persona, a su desarrollo integral y a promover la amistad y las virtudes sociales: “La doctrina social de la Iglesia sostiene que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad, también dentro de la actividad económica y no solamente fuera o «después» de ella. El sector económico no es ni éticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza. Es una actividad del hombre y, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente”(36).

Además de cuidar el carácter moral de las relaciones sociales, todos debemos fomentar los principios de gratuidad. La vida social en sus relaciones económicas debe tener en cuenta la caridad: “El gran desafío que tenemos, planteado por las dificultades del desarrollo en este tiempo de globalización y agravado por la crisis económico-financiera actual, es mostrar, tanto en el orden de las ideas como de los comportamientos, que no sólo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ética social, como la trasparencia, la honestidad y la responsabilidad, sino que en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo. (36)

De esta manera nos damos cuenta que cuando la economía se ha resquebrajado, ha sido a causa del egoísmo social y de las prácticas inmorales que no han tenido en cuenta el bien del ser humano. Nunca hay que olvidar que las cosas materiales son pasajeras y por eso hay que usarlas con responsabilidad.

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