Pastoral Social, Cáritas
Publicado el 24 de agosto de 2009, 08:17 pm. Con 543 lecturas.
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Pbro. Cipriano Hernández González

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PASTORAL SOCIAL

PASTORAL SOCIAL

  1. I.                    CRITERIOS FUNDAMENTALES
  1. Las tareas vitales de nuestra Iglesia son tres: la pastoral profética, la pastoral litúrgica y la pastoral social. En este directorio nos ocuparemos de la tercera tarea, sin olvidar que la misión de la Iglesia es una, y que las tres tareas están presentes en toda la acción evangelizadora, y se implican mutuamente, además de que no pueden separarse en la acción, es decir, son interdependientes.
  2. Los católicos oímos la Palabra, recibimos los sacramentos, hacemos ejercicios de piedad, pero parece que todo esto no tiene consecuencias con nuestra vida pública y privada. La mayoría de Estados y sociedades católicas se organizan y estructuran al margen – y frecuentemente en oposición- a los valores cristianos: sistemas económicos y de trabajo carentes de sentido humano y comunitario; vida social en donde se profundiza la desigualdad y crece la violencia (cfr. Que en Cristo nuestra Paz, México tenga vida Digna. No.12).
  3. La Pastoral Social está llamada a responder a este desafío de vincular la fe con la vida, es decir dejar que nuestra fe entre a la cultura, a la política, al trabajo, a la familia, a la comunidad, al barrio, en una palabra a la sociedad. Se trata así de dar testimonio en las estructuras sociales donde nos movemos, vivir la dimensión social de la Fe, de la Caridad y de la Esperanza con quienes nos vamos encontrando en el camino y se van haciendo prójimos y con quienes nos vamos haciendo prójimos.
  4. La mística de la Pastoral Social se comprende en la praxis liberadora de Jesús que significa  la liberación del pecado, de la enfermedad, de la ley, de la marginación injusta, que es lo que  Lc 4, 16-19, nos comunica: “Anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos”.
  5. La Pastoral Social organiza la vida de Caridad de la Iglesia. Premisa indispensable es entender que la Caridad no se limita a la limosna o asistencia; ni tampoco existe separación entre Caridad y justicia, pues una y otra se necesitan. La justicia social es expresión de la Caridad. Y por ello, es importante comprender que la Caridad debe tocar y trascender las estructuras, de esta manera los católicos podremos construir y vivir una Caridad crítica, creativa, compasiva, contemplativa como la de Jesucristo y en Él hacer de nuestra caridad una Caridad Liberadora.
  6. Las acciones de Pastoral Social son determinantes en orden a la credibilidad en la Iglesia como signos visibles del amor y la solidaridad de Dios con la humanidad. Esta credibilidad, indispensable para la tarea evangelizadora, se logra con el testimonio personal y comunitario del compromiso de la Iglesia con los excluidos y marginados de nuestra sociedad, con acciones asistenciales inmediatas y con actividades que vayan a la detección de las causas reales de los problemas y sufrimientos de los más pobres; la búsqueda de verdaderas soluciones, mediante la concientización y la organización de los afectados y, si es necesario, la denuncia profética de la situación.
  7. La Pastoral Social es la acción evangelizadora de la Iglesia que tiene como misión animar a la Luz del Evangelio y la Enseñanza Social de la Iglesia, el proceso de transformación de la realidad social en México, con el protagonismo de los pobres y excluidos para construir en armonía con la creación una sociedad justa, fraterna y solidaria, signo del Reino de Dios.
  8. Son características de la Pastoral Social las siguientes:
  9. Nace de la Palabra de Dios (Sagrada Escritura, Tradición y Magisterio de la Iglesia). De ahí toma su inspiración e iluminación, la sustancia del mensaje que transmite, los valores que busca trasladar a la sociedad humana; a la luz de la Palabra leída e interpretada en comunidad cristiana, descubre la realidad y percibe el plan de Dios sobre cada momento de la historia. La Palabra de Dios fundamenta la visión sobre el hombre, el destino de los bienes del mundo, el sentido de las relaciones sociales, el sentido del poder y de la autoridad como servicio (cfr. OA, 4). Conviene no olvidar que para la Iglesia, el mensaje social del Evangelio no debe considerarse como una teoría, sino, por encima de todo, un fundamento y un estímulo para la acción. La enseñanza social será creíble, nos dice el Documento de Puebla, en la medida que responda de manera eficaz a los desafíos y problemas graves que surgen de nuestra realidad y se corrobore por el testimonio de las obras (DP 476).
  1. Es la prolongación de la acción de Cristo. Con Jesucristo se inicia la historia nueva. La Pastoral Social hace presente a Jesús, compartiendo la vida, las esperanzas y las angustias del pueblo, y muestra, por el testimonio, que Él es el Cristo creído, proclamado y celebrado por la Iglesia. La Pastoral Social prolonga la acción renovadora y liberadora de Cristo que vive y actúa resucitado en sus discípulos. Cristo, Buen Pastor, elige, enseña, acompaña y enriquece con su Espíritu a unos hombres y mujeres, y los devuelve a la humanidad convertidos en testigos y fermento de su Reino.
  1. Es eclesial.  Ya que encuentra profunda raíz en la misión de la Iglesia: hacer presente el Reino de Dios a través de la promoción humana (cfr. GS, 45). De ahí que las acciones de la Pastoral Social sean signo del Amor, germen de Esperanza; además existe una unión inseparable entre evangelización y promoción integral del hombre (cfr. EN, 31).  La liberación de Cristo queda mutilada si olvidamos que dentro de la acción de la Pastoral también debe haber la transformación del hombre, sujeto de su propio desarrollo personal y comunitario. La acción de la Pastoral  Social no está completa si no tiene en cuenta la transformación del hombre y de la sociedad. Es decir, el verdadero Amor que es seguimiento a Jesucristo no tiene sentido si no se expresa en la conversión profunda de las conciencias y de las estructuras conforme a las exigencias de la justicia. Hoy la santidad no es posible sin un compromiso con la justicia, sin una solidaridad con los pobres y oprimidos.
  1. Cuando nosotros como Iglesia intervenimos en lo social, no lo hacemos como una Institución cualquiera de beneficencia o de desarrollo social, sino en nombre y por mandato de la Iglesia. Cuando anunciamos y testimoniamos la llegada del Reino de Dios –Reino de Justicia, Verdad y Amor- estamos hablando de un trabajo que exige no sólo una visión profunda y concreta de la realidad humana, sino también una fuerza que se llama gracia, algo que no proviene puramente de los medios humanos, sino del Espíritu Santo.
  2. La Pastoral Social está inserta en la Iglesia local, esto significa que debe crear comunidad en el servicio. La comunidad no debe quedarse o reducirse en el cumplimiento de las prácticas rituales y delegar a unos cuantos la Caridad, sino que todos debemos de participar, porque esta participación es fundamental y vital para construir el Reinado de Dios.
  3. La Pastoral Social está comprometida con el anuncio profético, esto significa el anuncio de la Buena Nueva y la denuncia de las situaciones de injusticia. Delante de las profundas injusticias sociales en nuestra Arquidiócesis y el mundo, los católicos no podemos quedarnos como espectadores, sino asumir el papel protagónico para ser voz de quienes no son escuchados, ser red de protección de quienes están condenados o amenazados por el sistema neoliberal, ser verdadero fermento en el anuncio de la paz y la denuncia de la injusticia. Se trata pues de ser defensores de los pobres, de los desvalidos, del hombre que no encuentra lugar en las formas institucionales. Significa también discernir la voz de Dios en la historia partiendo de la realidad; el profeta discierne para llamar a la conversión, recordando el Amor de Dios y sus exigencias. La Pastoral Social en este sentido, busca conocer la realidad con todas sus complejidades, comprenderla, observarla, escucharla, para desde ahí anunciar y denunciar.
  4. La Pastoral Social promueve la comunidad. A través del diálogo de todos los integrantes y la búsqueda del bien común desde el Discernimiento Evangélico, se trata no sólo de anunciar y denunciar, sino de proponer alternativas de acción delante de las estructuras injustas, inhumanas y opresivas, y poco a poco cambiarlas por modelos sociales, políticos, económicos en donde la solidaridad sea una realidad. Es decir, no hay promoción posible, sino es dentro de la comunidad en la que la persona tiene la oportunidad de despertar y reconocerse como hermana, por eso la organización popular es parte sólida de educación en la Fe y la Doctrina Social. Promover la comunidad implica promover a cada una de las personas, despertando la conciencia del hombre en todas sus dimensiones, y ayudarle a ser protagonista de su propio desarrollo. La Iglesia ha sido bienhechora de los pobres, pero eso no significa que su ideal no es ser la Institución rica que distribuye dinero a los pobres, sino la Iglesia pobre que realiza el Espíritu de las Bienaventuranzas que predica. En la promoción de la persona y de la comunidad se deben evitar varios peligros como son el paternalismo, el quedarse en mero asistencialismo o una ayuda filantrópica, o bien una desviación a la ideología marxista.
  5. La Pastoral Social vive con fervor la Eucaristía. Como los discípulos de Emaús (cfr. Lc. 24, 13-35), que después de haber reconocido al Señor en la fracción del pan, a pesar de que era de noche, se pusieron en camino para compartir con la comunidad de hermanos lo que habían visto y oído. El encuentro con Cristo en la Eucaristía comunica al cristiano la exigencia de evangelizar y dar testimonio. “La despedida al finalizar la Misa es como una consigna que impulsa al cristiano a comprometerse en la propagación del Evangelio y en la animación cristiana de la sociedad” (Juan Pablo II. Carta Apostólica Mane Nobiscum Domine, 24).
  1. II.                  METODOLOGIA DE LA PASTORAL SOCIAL
  1. Para realizar la tarea de la Pastoral Social, es necesario contar con una metodología que permita trazarnos los objetivos, pasos, medios y actividades que han de realizarse para analizar y enfrentar las situaciones o problemáticas que se viven, poniendo en marcha experiencias alternativas que permitan ir transformando, las actitudes personales que hacen difícil la convivencia, el ámbito social, que hay que humanizar y organizar, y las políticas públicas que dan cauce legal a la atención a las exigencias del bien común.
  1. El Discernimiento Evangélico de la Realidad.

Mediante el discernimiento evangélico de la realidad se trata de discernir “las opciones y los compromisos que conviene asumir para realizar las transformaciones sociales, políticas y económicas que se considera de urgente necesidad en cada caso” (OA 4).

Este método es una verdadera experiencia espiritual de encuentro con Jesucristo vivo y presente en la historia. Es, por tanto, una experiencia que nos lleva a la conversión, a la comunión y a la solidaridad. Este encuentro con Jesucristo, el apóstol de la Pastoral Social lo hace principalmente en la persona de los pobres, con los que Cristo se identifica, e implica necesariamente un proceso personal, de reencuentro y reconciliación con Dios, de reincorporación a la comunidad y de compromiso social, la búsqueda del perdón a través del arrepentimiento sincero, el propósito de enmienda, el rechazo del mal y del desorden y el rescate de los valores perdidos.

El método del discernimiento evangélico de la realidad social supone de quienes lo realizan, una actitud creyente, con la capacidad de mirar la realidad de forma contemplativa. Sus pasos son tres: conocer la realidad (ver), a la luz del Evangelio (juzgar) y discernir las opciones y asumirlas (actuar).

  1. Conocer la realidad.Es analizar la realidad en la que estamos inmersos, observarla de cerca y en profundidad para conocer mejor todos los factores que intervienen en ella. Analizamos la realidad porque queremos transformarla.
    1. Este primer paso del discernimiento nos pide que hagamos un diagnóstico de la realidad. Si éste es acertado, las propuestas de acción serán eficaces.
    2. A la luz del Evangelio. Es comparar lo que pasa con lo que quisiéramos que pasara, de acuerdo al designio de Dios sobre la humanidad. Esto nos permite tomar una postura, tener una opinión, ser críticos. Tenemos que confrontar la realidad con nuestros puntos de referencia, con los valores y contra valores que se viven en la actual situación. Se trata de expresar lo que pensamos de la situación analizada y cómo nos gustaría que fuera.
    3.  Discernir las opciones y asumirlas. Es desarrollar acciones con objetivos de transformación ante las situaciones analizadas y enjuiciadas y es tomar conciencia de que nuestras propuestas de acción ya son en sí alternativas. Es plantear las denuncias, las reivindicaciones, las acciones educativas y organizativas: ¿Qué pretendemos hacer? ¿Con quién? ¿Qué medios vamos a utilizar? ¿Cuándo lo vamos a hacer? ¿Cómo vamos a revisarlo?
  1. La Asistencia Social: Ayudar sin hacer daño.

La asistencia social (como ya se dijo) es una acción destinada a remediar una necesidad inmediata y concreta, se propone asistir a los necesitados. Jesús la practicó de forma explícita y generosa.

La asistencia social requiere una tipología de pobreza, ya que implica una serie de matices propios que habrá que distinguir entre los pobres:

  1. Quienes viven situaciones de pobreza extrema, marginación, exclusión y alguna forma de vulnerabilidad, ancianos, analfabetas, enfermos de SIDA, etc.
  2. Quienes sufren discapacidad y el abandono de los suyos, que sufren disfuncionalidad soledad, rechazo, marginación, estigmatización social, pérdida de autoestima, etc.
  3. Quienes son víctimas de adicciones desintegradoras de su personalidad y de su desarrollo básico.
  4. Quienes forman parte de la población desocupada-rechazada para el trabajo productivo, obligada a la inactividad o sub-actividad.
  5. Quienes sufren reclusión en las cárceles, penitenciarías o centros de readaptación social y sus familiares; los perseguidos por la justicia o por otras causas.
  6. Quienes son víctimas de la exclusión que produce la globalización porque han quedado lejos de los nuevos lenguajes universales, e inhabilitados para los nuevos procesos de producción.
  7. Quienes sufren por las guerras y conflictos, o aún sin éstos abiertamente declarados, ven violados y amenazados sus derechos humanos.
  8. Quienes por su inocencia o falta de preparación son manipulados y oprimidos por los sistemas sociales, económicos, políticos, religiosos y culturales injustos y charlatanes.
  9. Quienes por cuestión de género son maltratadas, violentadas, excluidas y oprimidas por la cultura y la sociedad.

El amplio espectro de situaciones que requieren de asistencia social hace de esta una urgencia vital, a la que no se puede responder con una vaga “beneficencia” sino con programas que tengan como criterio principal el desarrollo básico de las personas.

La asistencia social tiene mucho por hacer en la promoción de la solidaridad en las familias y en las diferentes instituciones para atender de manera digna y eficaz a los casos individuales. Movilizar la solidaridad a través del voluntariado permitirá despertar las capacidades, aunque sean limitadas, de quienes son asistidos.

  1.  La Promoción Humana: Pasar de situaciones menos humanas a situaciones más humanas.

Aquí se tiene la tarea de despertar la conciencia social, fortalecer la capacidad de liderazgo y animar el surgimiento de procesos comunitarios, procurando el fortalecimiento de redes locales y el mejoramiento de la calidad de vida. La promoción humana busca la creación de estructuras sociales, que dentro del marco de la justicia, equidad y participación, impulsen la inclusión de todos y todas en el desarrollo integral de la comunidad local, nacional e internacional.

El verdadero desarrollo es el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida más humanas. Se trata de un desarrollo integral y solidario.

Ahora bien, para la promoción de este desarrollo se requiere realizar actividades de tipo educativas, ya que la educación es la base para un cambio individual y colectivo, que implica la dignificación de personas y pueblos. Esta tarea educativa es lenta y progresiva ya que debe provocar un compromiso personal y colectivo.

  1. La Acción Social Transformadora: Incidir en el cambio de estructuras.

Se trata de ir cambiando las “estructuras de pecado” que impiden la solidaridad y el bien común, para ir conformando estructuras más acordes con las exigencias del Reino de Dios. Implica ayudar a las comunidades cristianas para que sean capaces de fermentar una amplia movilización de grupos sociales que tengan como objetivo la superación de la comunidad promoviendo la capacitación, participación y organización de los grupos populares para que lleguen a incidir en un cambio social de las “estructuras de pecado” que generan las desigualdades sociales.

Para poder dar esta respuesta de manera adecuada y con capacidad de incidencia transformadora es necesario:

  1. Articular todos los esfuerzos.
  2. Hacer las vinculaciones necesarias para fortalecer los procesos donde se descubre una justa lucha por los valores del Reino.
  3. Trabajar en equipo para facilitar la corresponsabilidad en las propuestas, la planificación y la ejecución de actividades, sin protagonismos personales.
  1. La Aceptación Fraterna: Rehacer el tejido social.

Otra tarea fundamental de la Pastoral Social es la promoción de la aceptación fraterna. En un mundo marcado por la desigualdad, por la diversidad y por las consecuencias de la violencia como son el odio y el resentimiento, se hace necesario rehabilitar a los sujetos individuales y colectivos para la convivencia fraterna, esto lo hace promoviendo la recomposición del tejido social, el desarrollo humano y comunitario, la resolución evangélica de los conflictos y la transformación de las relaciones para que la competencia se transforme en cooperación y la rivalidad en vida fraterna. En el proceso de recomposición del tejido social, no podemos pasar por alto la necesidad de encontrar la verdad histórica, pues la experiencia del perdón requiere conocer la verdad de los hechos y los responsables de los mismos.

  1. Profundizar y Difundir la Doctrina Social de la Iglesia.

La Doctrina Social de la Iglesia, que sólo el Magisterio puede autentificar, se ha inspirado siempre en la experiencia de los cristianos. Para aportar a la elaboración de la Doctrina Social de la Iglesia, es preciso compartirla, no mirarla desde fuera. Los Sumos Pontífices, desde León XIII, sin cesar han dado a la Iglesia un servicio invaluable al profundizar, actualizar y difundir la Doctrina Social de la Iglesia.

Se trata de conocer, asimilar y poner en práctica las enseñanzas del Magisterio, ya que la Doctrina Social es el “alma” de la Pastoral Social. Esta doctrina no es un cuerpo definitivo y cerrado, es una secuencia siempre abierta, nunca definitivamente acabada.

Promoción, Asistencia y Difusión de la Doctrina Social de la Iglesia son las tareas fundamentales de la Pastoral Social.

  1. III.                LINEAS DE ACCIÓN DE LA PASTORAL SOCIAL PARA LAS PARROQUIAS Y DECANATOS

A nivel Parroquial:

Un trabajo organizado, planificado y programado es siempre muy útil para que sea eficaz y nuestras fuerzas no se desgasten en acciones aisladas y sin futuro.

  1. Es muy deseable que en la Parroquia se tenga un Plan de Pastoral que oriente la acción evangelizadora.
  2. Si se tiene el Plan de Pastoral, entonces ahí se cuenta con un diagnóstico de la realidad, que nos dará las urgencias y prioridades para iniciar el trabajo en lo Social.
  3. De acuerdo a la situación y a la capacidad de cada parroquia, debemos formar un equipo de personas que tengan inquietud en lo social, para que sean el equipo de Pastoral Social Parroquial.
  4. Una vez formado el equipo, recibir una capacitación sobre el ser y el hacer del equipo Parroquial de Pastoral Social. Ubicándolos en alguna de las dimensiones de la Pastoral Social de la Diócesis de Tuxtla.
  5. De acuerdo a las urgencias de la parroquia, el Equipo Parroquial de Pastoral Social en unión con el párroco eligen aquello que sea prioritario y sobre lo cual se va a trabajar.
  6. Se elabora un plan de trabajo en Pastoral Social.

Para la capacitación del Equipo de Pastoral Social Parroquial se puede pedir el apoyo al Equipo Diocesano de Pastoral Social. Esta capacitación consiste en tener un conocimiento suficiente en Doctrina Social de la Iglesia; Ubicación de la Pastoral Social; Metodología de análisis de la realidad; Metodología para una planificación participativa y eficaz.

El seguimiento de los Equipos de Pastoral Social Parroquiales se puede dar a nivel decanato. El encargado a nivel decanato tendrá la tarea de ver el caminar de estos equipos, y junto con ellos ver que se puede realizar a nivel decanato, para responder a las necesidades de las parroquias, y qué subsidios se pueden pedir a las distintas instituciones eclesiales, gubernamentales u otras.

En los decanatos es muy deseable que se nombre un coordinador por decanato: un sacerdote y laico, que vayan animando el caminar y responsabilizándose de dar seguimiento a las actividades y proyectos a realizar. Mismos que son llamados a formar parte del Consejo Arquidiocesano de la Pastoral Social.

 

 

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