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	<title>Arquidiócesis de Tuxtla &#187; Eco interior</title>
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		<title>Superar los obstáculos para valorar lo bueno</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 12:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Guzmán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Eco interior]]></category>
		<category><![CDATA[Mons. Rogelio Cabrera L.]]></category>

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		<description><![CDATA[Superar los obstáculos para valorar lo bueno “Mientras, Jesús, enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla” (Mc [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center"><a href="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2011/07/eco.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-9718" title="eco" src="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2011/07/eco-300x122.jpg" alt="" width="300" height="122" /></a>Superar los obstáculos para valorar lo bueno</p>
<p style="text-align: left;"><em>“<strong>Mientras, Jesús, enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla</strong>”</em> (Mc 2, 2-4)</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Mons. Rogelio Cabrera López</p>
<p>Podemos encontrar muchos pretextos para no actuar como es debido. Para encontrar lo bueno y conquistarlo, hay obstáculos, que no nos permiten hacerlo.</p>
<p>Vale la pena, darnos cuenta que podemos superar los obstáculos, porque el bien debe brillar. Cuando alguien se ofusca, pierde el sentido de los bueno y comienza a verlo todo gris y actuar y convencer a otros que todo es gris.</p>
<p>Por eso, no podemos negar que es difícil mantenerse  en la lucha pero que vale la pena hacerlo. Por ejemplo, entre los grandes bienes, que a veces viene a pique, es la vida. Valorar la vida como un don, se vuelve casi imperceptible. Hemos caído en el desencanto. Tan es así, que muchas naciones promueven el control natal como estrategia para erradicar los males ocasionados por malas administraciones. En la lucha por el bien de los demás se debe llegar a lo extraordinario con creatividad como esos hombres que cargaban al paralítico. Introdujeron al enfermo por el techo en sus esfuerzos por conseguir el objetivo: la salud del paralítico.</p>
<p>Hoy en la sociedad hay muchos problemas que parecen insalvables. Antes de dar soluciones inmediatas y sin reflexión, se debe agotar la búsqueda porque la persona necesita ser salvada en su integridad. El Papa Benedicto XVI, lo ha reconocido en su encíclica Caritas in veritate: “<strong><em>La concepción de los derechos y de los deberes respecto al desarrollo, debe tener también en cuenta los problemas relacionados con el crecimiento demográfico. Es un aspecto muy importante del verdadero desarrollo, porque afecta a los valores irrenunciables de la vida y de la familia. No es correcto considerar el aumento de población como la primera causa del subdesarrollo, incluso desde el punto de vista económico: baste pensar, por un lado, en la notable disminución de la mortalidad infantil y el aumento de la edad media que se produce en los países económicamente desarrollados y, por otra, en los signos de crisis que se perciben en la sociedades en las que se constata una preocupante disminución de la natalidad”(44).</em></strong></p>
<p>La lucha por el bien, objetivamente entendido, siempre trae frutos buenos, incluso económicos: <strong><em>“Obviamente, se ha de seguir prestando la debida atención a una procreación responsable que, por lo demás, es una contribución efectiva al desarrollo humano integral. La Iglesia, que se interesa por el verdadero desarrollo del hombre, exhorta a éste a que respete los valores humanos también en el ejercicio de la sexualidad: ésta no puede quedar reducida a un mero hecho hedonista y lúdico, del mismo modo que la educación sexual no se puede limitar a una instrucción técnica, con la única preocupación de proteger a los interesados de eventuales contagios o del «riesgo» de procrear. Esto equivaldría a empobrecer y descuidar el significado profundo de la sexualidad, que debe ser en cambio reconocido y asumido con responsabilidad por la persona y la comunidad. En efecto, la responsabilidad evita tanto que se considere la sexualidad como una simple fuente de placer, como que se regule con políticas de planificación forzada de la natalidad. En ambos casos se trata de concepciones y políticas materialistas, en las que las personas acaban padeciendo diversas formas de violencia. Frente a todo esto, se debe resaltar la competencia primordial que en este campo tienen las familias respecto del Estado y sus políticas restrictivas, así como una adecuada educación de los padres”(Ibid).</em></strong></p>
<p>La mayor riqueza de una nación son sus habitantes. La disminución de la natalidad trae aparejados muchos problemas, incluso económicos: “<strong><em>La apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y económica</em></strong><strong><em>. Grandes naciones han podido salir de la miseria gracias también al gran número y a la capacidad de sus habitantes. Al contrario, naciones en un tiempo florecientes pasan ahora por una fase de incertidumbre, y en algún caso de decadencia, precisamente a causa del bajo índice de natalidad, un problema crucial para las sociedades de mayor bienestar. La disminución de los nacimientos, a veces por debajo del llamado «índice de reemplazo generacional», pone en crisis incluso a los sistemas de asistencia social, aumenta los costes, merma la reserva del ahorro y, consiguientemente, los recursos financieros necesarios para las inversiones, reduce la disponibilidad de trabajadores cualificados y disminuye la reserva de «cerebros» a los que recurrir para las necesidades de la nación. Además, las familias pequeñas, o muy pequeñas a veces, corren el riesgo de empobrecer las relaciones sociales y de no asegurar formas eficaces de solidaridad. Son situaciones que presentan síntomas de escasa confianza en el futuro y de fatiga moral” (Ibid).</em></strong></p>
<p>La familia es siempre la mejor y más bella realidad del mundo: <strong><em>“Por eso, se convierte en una necesidad social, e incluso económica, seguir proponiendo a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sintonía con las exigencias más profundas del corazón y de la dignidad de la persona. En esta perspectiva, los estados están llamados a establecer políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, célula primordial y vital de la sociedad, haciéndose cargo también de sus problemas económicos y fiscales, en el respeto de su naturaleza relacional” (Ibid).</em></strong></p>
<p>Las dificultades pueden aparecer muchas y variadas, qué bueno sería poder superarlas, y enseñar a otros a hacerlo. Sobre todo la familia, la escuela, las instituciones, las iglesias, pueden aportar grandes estímulos para superar los obstáculos.</p>
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		<title>Superar la insensibilidad ante las necesidades de los demás</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Feb 2012 12:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Guzmán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Eco interior]]></category>

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		<description><![CDATA[Superar la insensibilidad ante las necesidades de los demás “En aquel tiempo se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: ‘si tú quieres, puedes curarme’. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: ´¡Sí quiero, Sana!’ inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio” (Mc [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center"><a href="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2011/07/eco.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-9718" title="eco" src="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2011/07/eco-300x122.jpg" alt="" width="300" height="122" /></a>Superar la insensibilidad ante las necesidades de los demás</p>
<p style="text-align: left;"><em>“<strong>En aquel tiempo se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: ‘si tú quieres, puedes curarme’. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: ´¡Sí quiero, Sana!’ inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio</strong>” (</em>Mc 1, 40-45).</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Mons. Rogelio Cabrera López</p>
<p>¿Cómo llamarle a la insensibilidad de nuestra época? Sin ir más lejos surge la respuesta: Egoísmo e indiferencia.</p>
<p>Es lamentable que cada vez seamos más ciegos y duros de corazón para ver las necesidades de los demás. Y ¿por qué no? Nuestras propias necesidades reales.</p>
<p>El egoísmo y la indiferencia son la lepra de nuestro tiempo. Y como tal va deteriorando el orden y la armonía social. Somos islas en medio de una comunidad. Alguien se puede ahogar y oír sus gritos de auxilio y cada uno tiene sus propias excusas para no acudir a la ayuda. Es más, no se asume el compromiso ni se deja que otros lo hagan, y así se comienza la crítica y el desprestigio de las personas e instituciones.</p>
<p>El Papa Benedicto XVI, en varias ocasiones ha hecho el llamado al compromiso solidario con los demás. En efecto, en su encíclica Caritas in veritate nos recuerda que: <strong><em>“La solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber».</em></strong><strong><em></em></strong><strong><em>En la actualidad, muchos pretenden pensar que no deben nada a nadie, si no es a sí mismos. Piensan que sólo son titulares de derechos y con frecuencia les cuesta madurar en su responsabilidad respecto al desarrollo integral propio y ajeno. Por ello, es importante urgir una nueva reflexión sobre los deberes que los derechos presuponen, y sin los cuales éstos se convierten en algo arbitrario. Hoy se da una profunda contradicción. Mientras, por un lado, se reivindican presuntos derechos, de carácter arbitrario y superfluo, con la pretensión de que las estructuras públicas los reconozcan y promuevan, por otro, hay derechos elementales y fundamentales que se ignoran y violan en gran parte de la humanidad”(43).</em></strong></p>
<p>La ética social se funda en los deberes que tenemos a favor de los demás. Si asumimos con conciencia y responsabilidad nuestros deberes, de modo natural brillarán nuestros derechos. Todos tienen derecho a comer, vestir, educarse, etc. y al mismo tiempo todos tenemos el deber de luchar para alcanzarlos y ayudar solidariamente a quien por diversas razones no puede lograrlo: <strong><em> “Se aprecia con frecuencia una relación entre la reivindicación del derecho a lo superfluo, e incluso a la transgresión y al vicio, en las sociedades opulentas, y la carencia de comida, agua potable, instrucción básica o cuidados sanitarios elementales en ciertas regiones del mundo subdesarrollado y también en la periferia de las grandes ciudades. Dicha relación consiste en que los derechos individuales, desvinculados de un conjunto de deberes que les dé un sentido profundo, se desquician y dan lugar a una espiral de exigencias prácticamente ilimitada y carente de criterios. La exacerbación de los derechos conduce al olvido de los deberes. Los deberes delimitan los derechos porque remiten a un marco antropológico y ético en cuya verdad se insertan también los derechos y así dejan de ser arbitrarios. Por este motivo, los deberes refuerzan los derechos y reclaman que se los defienda y promueva como un compromiso al servicio del bien. En cambio, si los derechos del hombre se fundamentan sólo en las deliberaciones de una asamblea de ciudadanos, pueden ser cambiados en cualquier momento y, consiguientemente, se relaja en la conciencia común el deber de respetarlos y tratar de conseguirlos. Los gobiernos y los organismos internacionales pueden olvidar entonces la objetividad y la cualidad de «no disponibles» de los derechos. Cuando esto sucede, se pone en peligro el verdadero desarrollo de los pueblos. Comportamientos como éstos comprometen la autoridad moral de los organismos internacionales, sobre todo a los ojos de los países más necesitados de desarrollo. En efecto, éstos exigen que la comunidad internacional asuma como un deber ayudarles a ser «artífices de su destino», es decir, a que asuman a su vez deberes. Compartir los deberes recíprocos moviliza mucho más que la mera reivindicación de derechos” </em></strong> (43)<strong><em>.</em></strong></p>
<p>Aprender a cumplir nuestros deberes y obligaciones ayudan a que el tejido social se fortalezca. De esta manera se puede ayudar a muchos que por diversas limitaciones padecen necesidad.  Recordar nuestra disponibilidad ante los demás será una virtud que fortalecerá, muchas otras virtudes. Estamos invitados a superar nuestra insensibilidad en orden a crear sanas relaciones de desarrollo personal y social.</p>
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		<title>Servir solidariamente a los demás</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 12:00:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Guzmán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Eco interior]]></category>

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		<description><![CDATA[Servir solidariamente a los demás “La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y en seguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles” (Mc 1, 30-31). Mons. Rogelio Cabrera López La virtud de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center"><a href="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2012/02/Mons-Rogelio-Cabrera-15-copia.jpg"><img class="alignright  wp-image-12753" title="Mons Rogelio Cabrera  (15) - copia" src="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2012/02/Mons-Rogelio-Cabrera-15-copia-300x399.jpg" alt="" width="192" height="255" /></a>Servir solidariamente a los demás</p>
<p style="text-align: left;"><em>“<strong>La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y en seguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirle</strong>s” </em>(Mc 1, 30-31).</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Mons. Rogelio Cabrera López</p>
<p>La virtud de la servicialidad es una actitud constante de disponibilidad ante la necesidad de los demás. De esta manera, va de la mano con la solidaridad, que significa brindar el apoyo y discernir con amor de qué manera podemos  ayudar.</p>
<p>La solidaridad no  se puede referir sólo al ámbito económico, sino de manera integral, porque las necesidades no sólo son materiales sino humanas y espirituales. Antiguamente se hablaba con razón de las obras de misericordia  en dos dimensiones: corporales y espirituales. Sin embargo, vale la pena que de manera personal  e institucionalmente  fomentemos las virtudes de servicio, sobre todo, los de carácter  público. Qué bueno sería que ante las instancias de atención pública se les brinde a los que asisten una ayuda fraterna y solidaria. A quienes necesitan ayuda deberá tratárseles con respeto y profesionalismo. La caridad nunca humilla a los demás sino que dignifica a las personas.</p>
<p>El Papa  Benedicto XVI, en su Encíclica Caritas in Veritate ha hecho una reflexión en este tono para estar atentos al servicio y la solidaridad fraterna: <strong><em>“</em></strong><strong><em>Hoy podemos decir que la vida económica debe ser comprendida como una realidad de múltiples dimensiones: en todas ellas, aunque en medida diferente y con modalidades específicas, debe haber respeto a la reciprocidad fraterna. En la época de la globalización, la actividad económica no puede prescindir de la gratuidad, que fomenta y extiende la solidaridad y la responsabilidad por la justicia y el bien común en sus diversas instancias y agentes. Se trata, en definitiva, de una forma concreta y profunda de democracia económica”(38). </em></strong></p>
<p>La solidaridad es un deber ético que nos obliga a todos, al Estado, a la empresa, a las organizaciones sociales y a los ciudadanos en general: <strong><em>“La solidaridad es en primer lugar que todos se sientan responsables de todos; por tanto no se la puede dejar solamente en manos del Estado. Mientras antes se podía pensar que lo primero era alcanzar la justicia y que la gratuidad venía después como un complemento, hoy es necesario decir que sin la gratuidad no se alcanza ni siquiera la justicia. Se requiere, por tanto, un mercado en el cual puedan operar libremente, con igualdad de oportunidades, empresas que persiguen fines institucionales diversos. Junto a la empresa privada, orientada al beneficio, y los diferentes tipos de empresa pública, deben poderse establecer y desenvolver aquellas organizaciones productivas que persiguen fines mutualistas y sociales. De su recíproca interacción en el mercado se puede esperar una especie de combinación entre los comportamientos de empresa y, con ella, una atención más sensible a una civilización de la economía. En este caso, caridad en la verdad significa la necesidad de dar forma y organización a las iniciativas económicas que, sin renunciar al beneficio, quieren ir más allá de la lógica del intercambio de cosas equivalentes y del lucro como fin en sí mismo”. </em></strong> (38).</p>
<p>El Papa, en su reflexión,  ha ampliado el horizonte más allá de la economía hasta las realidades más humanas que conforman la sociedad. Una economía voraz daña a todos. Las crisis y turbulencias recurrentes en los mercados internaciones tiene su origen en las economías asimétricas que no respetan el bolsillo de los más pobres. Primero es la gratuidad que el propio beneficio.</p>
<p>Desde la casa, se puede educar para la gratuidad y la solidaridad, ya que todos los miembros de la familia tienen algunas obligaciones que cuando las realizan con responsabilidad benefician a todos; pero cuando dejan de hacerlo, de igual manera, perjudican a cada uno.</p>
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		<title>Aprender a vivir sin preocupaciones</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 12:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Guzmán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Eco interior]]></category>
		<category><![CDATA[Eco Interior]]></category>
		<category><![CDATA[Mons. Rogelio Cabrera L.]]></category>

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		<description><![CDATA[Aprender a vivir sin preocupaciones “Hermanos: Yo quisiera que ustedes vivieran sin preocupaciones…Les digo todo esto para bien de ustedes. Se lo  digo, no para ponerles una trampa, sino para que puedan vivir constantemente y sin distracciones en presencia del Señor, tal como conviene”  (1 Cor 7, 32-35). Mons. Rogelio Cabrera López ¿Habrá alguien que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center"><a href="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2012/01/ofrenda-copoya.jpg"><img class="alignright  wp-image-12573" title="ofrenda copoya" src="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2012/01/ofrenda-copoya-300x225.jpg" alt="" width="240" height="180" /></a>Aprender a vivir sin preocupaciones</p>
<p style="text-align: left;"><em>“<strong>Hermanos: Yo quisiera que ustedes vivieran sin preocupaciones…Les digo todo esto para bien de ustedes. Se lo  digo, no para ponerles una trampa, sino para que puedan vivir constantemente y sin distracciones en presencia del Señor, tal como conviene</strong>” </em> (1 Cor 7, 32-35).</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Mons. Rogelio Cabrera López</p>
<p>¿Habrá alguien que viva sin preocupaciones? Es muy difícil. Pero tal vez si una persona sabe confiar y  poner con sabiduría las cosas en su justo lugar; si conoce sus capacidades y sus fortalezas, o si no depende en sus decisiones de los demás, entonces podrá tener las condiciones necesarias para vivir con paz y tranquilidad.</p>
<p>Cierto que todo esto requiere un avance en las virtudes. Pero, es bueno aprender a vivir sin tanta ansiedad y angustias.</p>
<p>Las preocupaciones del desarrollo y de la seguridad son las que más nos afectan, porque quisiéramos no vivir a expensas de los demás o de sus dádivas, con plena estabilidad. El aspecto económico, sobre todo en la actualidad de tantas crisis,  es el que más afecta al equilibrio emocional.</p>
<p>El Papa nos hace un llamado en su encíclica Caritas in veritate, cuando reflexiona sobre el desarrollo económico y de justicia, porque ahora, no sabemos en qué o quién confiar: <strong><em>“</em></strong><strong><em>La doctrina social de la Iglesia ha sostenido siempre que la justicia afecta a todas las fases de la actividad económica, porque en todo momento tiene que ver con el hombre y con sus derechos. La obtención de recursos, la financiación, la producción, el consumo y todas las fases del proceso económico tienen ineludiblemente implicaciones morales. Así, toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral. Lo confirman las ciencias sociales y las tendencias de la economía contemporánea. Hace algún tiempo, tal vez se podía confiar primero a la economía la producción de riqueza y asignar después a la política la tarea de su distribución. Hoy resulta más difícil, dado que las actividades económicas no se limitan a territorios definidos, mientras que las autoridades gubernativas siguen siendo sobre todo locales” (37).</em></strong></p>
<p>Resulta siempre difícil que en los negocios haya un lugar para la bondad y la solidaridad. Pareciera que el dinero sólo se negocia con más dinero. Hay valores de buena humanidad que deben tenerse en cuenta en la sociedad. Una microeconomía estable y equitativa  se requiere para vivir serenamente: “<strong><em> Además, las normas de justicia deben ser respetadas desde el principio y durante el proceso económico, y no sólo después o colateralmente. Para eso es necesario que en el mercado se dé cabida a actividades económicas de sujetos que optan libremente por ejercer su gestión movidos por principios distintos al del mero beneficio, sin renunciar por ello a producir valor económico. Muchos planteamientos económicos provenientes de iniciativas religiosas y laicas demuestran que esto es realmente posible.</em></strong><strong><em> </em></strong><strong><em>En la época de la globalización, la economía refleja modelos competitivos vinculados a culturas muy diversas entre sí. El comportamiento económico y empresarial que se desprende tiene en común principalmente el respeto de la justicia conmutativa. Indudablemente, la vida económica tiene necesidad del contrato para regular las relaciones de intercambio entre valores equivalentes. Pero necesita igualmente leyes justas y formas de redistribución guiadas por la política, además de obras caracterizadas por el espíritu del don. La economía globalizada parece privilegiar la primera lógica, la del intercambio contractual, pero directa o indirectamente demuestra que necesita a las otras dos, la lógica de la política y la lógica del don sin contrapartida.” </em></strong> (37).</p>
<p>Es  verdad que las economías, los gobiernos, las instituciones, etc.; tienen elementos de debilidad, pero será su misión específica, mostrarnos caminos de seguridad. Sin embargo, no podemos depender sólo de ellos, cada persona o grupo social es corresponsable de su destino.  Vale la pena saber confiar en Alguien, que desde la fe, conocemos como Dios, quien nos ha mostrado su amor y nos dice que para qué vivir preocupados, cada día trae sus propias situaciones. Aprendamos a vivir conscientes de nuestro presente sin que las preocupaciones nos abrumen y nublen las soluciones viables que debemos tomar.</p>
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		<title>El mundo es pasajero</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Jan 2012 12:00:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Guzmán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Eco interior]]></category>
		<category><![CDATA[Mons. Rogelio Cabrera L.]]></category>

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		<description><![CDATA[El mundo es pasajero “Hermanos: les quiero decir una cosa: el tiempo apremia…los que compran como si no compraran; los que disfrutan como si no disfrutaran de él; porque este mundo que vemos es pasajero”  (1 Cor 7, 29-31). Mons. Rogelio Cabrera López Cuando nos detenemos a contemplar el mundo en que vivimos, tristemente, podemos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align: left;" align="center"><a href="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2012/01/100_2520-copia.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-12493" title="Señor de los milagros" src="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2012/01/100_2520-copia-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>El mundo es pasajero</h3>
<p style="text-align: left;"><em>“Hermanos: les quiero decir una cosa: el tiempo apremia…los que compran como si no compraran; los que disfrutan como si no disfrutaran de él; porque este mundo que vemos es pasajero”<br />
</em>  (1 Cor 7, 29-31).</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Mons. Rogelio Cabrera López</p>
<p>Cuando nos detenemos a contemplar el mundo en que vivimos, tristemente, podemos darnos cuenta que muchas de las cosas por las que se optan, son pasajeras.</p>
<p>Muchos de los esfuerzos emprendidos, están motivados más por las plusvalías, status, disfrutes, etc., que por la realización plena que se consigue.</p>
<p>Este tiempo en que la economía tanto personal, como familiar, se ve debilitada, en crisis recurrente, seguramente sucede porque todo se proyecta para satisfacer intereses personales que en gran parte son superfluos.</p>
<p>Sin embargo hay que entender que la economía, debería ser una acción social que ayude al ser humano a cumplir con la voluntad de Dios, para llevar una vida digna a quien se le ha confiado la administración de todo y de lo que deberá dar cuentas.</p>
<p>El Papa Benedicto XVI, en su encíclica Caritas in Veritate, al respecto de la acción económica dice: <em>“</em><em>La Iglesia sostiene siempre que la actividad económica no debe considerarse antisocial. Por eso, el mercado no es ni debe convertirse en el ámbito donde el más fuerte avasalle al más débil. La sociedad no debe protegerse del mercado, pensando que su desarrollo comporta ipso facto la muerte de las relaciones auténticamente humanas. Es verdad que el mercado puede orientarse en sentido negativo, pero no por su propia naturaleza, sino por una cierta ideología que lo guía en este sentido. No se debe olvidar que el mercado no existe en su estado puro, se adapta a las configuraciones culturales que lo concretan y condicionan. En efecto, la economía y las finanzas, al ser instrumentos, pueden ser mal utilizados cuando quien los gestiona tiene sólo referencias egoístas. De esta forma, se puede llegar a transformar medios de por sí buenos en perniciosos. Lo que produce estas consecuencias es la razón oscurecida del hombre, no el medio en cuanto tal. Por eso, no se deben hacer reproches al medio o instrumento sino al hombre, a su conciencia moral y a su responsabilidad personal y social” .(35)</em></p>
<p>La Iglesia sostiene la bondad de la actividades económicas si éstas están al servicio de la persona, a su desarrollo integral y a promover la amistad y las virtudes sociales: “<strong><em>La doctrina social de la Iglesia sostiene que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad, también dentro de la actividad económica y no solamente fuera o «después» de ella. El sector económico no es ni éticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza. Es una actividad del hombre y, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente”(36).</em></strong><strong><em></em></strong></p>
<p>Además de cuidar el carácter moral de las relaciones sociales, todos debemos fomentar los principios de gratuidad. La vida social en sus relaciones económicas debe tener en cuenta la caridad: “<strong><em>El gran desafío que tenemos, planteado por las dificultades del desarrollo en este tiempo de globalización y agravado por la crisis económico-financiera actual, es mostrar, tanto en el orden de las ideas como de los comportamientos, que no sólo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ética social, como la trasparencia, la honestidad y la responsabilidad, sino que en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo.</em></strong> (36)</p>
<p>De esta manera nos damos cuenta que cuando la economía se ha resquebrajado, ha sido a causa del egoísmo social y de las prácticas inmorales que no han tenido en cuenta el bien del ser humano. Nunca hay que olvidar que las cosas materiales son pasajeras y por eso hay que usarlas con responsabilidad.</p>
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		<title>¿Qué busca el hombre?</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 14:25:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Guzmán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Eco interior]]></category>
		<category><![CDATA[Mons. Rogelio Cabrera L.]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Qué busca el hombre? “En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: ‘Éste es el Cordero de Dios’. Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: ‘¿Qué buscan?’ [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center"><a href="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2012/01/Mons-Rogelio-Cabrera-.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-12365" title="Mons Rogelio Cabrera" src="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2012/01/Mons-Rogelio-Cabrera--300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>¿Qué busca el hombre?</p>
<p style="text-align: left;"><strong><em>“En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: ‘Éste es el Cordero de Dios’. Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: ‘¿Qué buscan?’ Ellos contestaron: ‘¿Dónde vives, Rabí?’ Él les dijo: ‘Vengan a ver’</em></strong><em>”</em> Jn 1, 35-36</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Mons. Rogelio Cabrera López</p>
<p>La pregunta crucial de todos los tiempos ¿qué busca el hombre? Porque de la respuesta se desprende su proceder, sus sentimientos y sus proyectos.</p>
<p>Sin duda que la respuesta concreta sería que el hombre busca la felicidad. El problema sería ¿dónde la busca?, ¿cómo la busca?, ¿en quién la busca?.</p>
<p>La felicidad no es algo que venga del exterior, nace en el interior de cada uno. Desde la fe, creemos que esta felicidad la encontramos al entrar en relación concreta y personal con Jesús. La felicidad es un don misterioso que llega a nosotros de modo inexplicable. Es también una actitud que asumimos en la vida, de tal modo que si alguien no quiere ser feliz, nada podrá motivarlo. Pero  al mismo tiempo es una decisión que se demuestra en las acciones cotidianas.</p>
<p>Es el pecado y nuestra situación humana débil la que nos opaca esta búsqueda y tergiversa el camino.</p>
<p>Por esta razón el Papa Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in veritate afirma al inicio del tercer capítulo que: <strong><em>“</em></strong><strong><em>La caridad en la verdad pone al hombre ante la sorprendente experiencia del don. La gratuidad está en su vida de muchas maneras, aunque frecuentemente pasa desapercibida debido a una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad. El ser humano está hecho para el don, el cual manifiesta y desarrolla su dimensión trascendente. A veces, el hombre moderno tiene la errónea convicción de ser el único autor de sí mismo, de su vida y de la sociedad. Es una presunción fruto de la cerrazón egoísta en sí mismo, que procede —por decirlo con una expresión creyente— del pecado de los orígenes” (32). </em></strong></p>
<p>Las limitantes de nuestra voluntad quedan evidentes cuando pretendiendo alcanzar un objetivo, no podemos lograrlo. La enseñanza tradicional de la Iglesia explica este hecho con la idea del pecado original, es decir, que los obstàculos a nuestra libertad tienen una raíz común a toda la humanidad desde el inicio de la humanidad: <strong><em>“La sabiduría de la Iglesia ha invitado siempre a no olvidar la realidad del pecado original, ni siquiera en la interpretación de los fenómenos sociales y en la construcción de la sociedad: «Ignorar que el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal, da lugar a graves errores en el dominio de la educación, de la política, de la acción social y de las costumbres».(32)</em></strong></p>
<p>Incluso en un campo de la vida social que parecería ser neutral como es la economía,  también ahí repercuten las consecuencias del pecado original: “<strong><em> Hace tiempo que la economía forma parte del conjunto de los ámbitos en que se manifiestan los efectos perniciosos del pecado. Nuestros días nos ofrecen una prueba evidente. Creerse autosuficiente y capaz de eliminar por sí mismo el mal de la historia ha inducido al hombre a confundir la felicidad y la salvación con formas inmanentes de bienestar material y de actuación social. Además, la exigencia de la economía de ser autónoma, de no estar sujeta a «injerencias» de carácter moral, ha llevado al hombre a abusar de los instrumentos económicos incluso de manera destructiva. Con el pasar del tiempo, estas posturas han desembocado en sistemas económicos, sociales y políticos que han tiranizado la libertad de la persona y de los organismos sociales y que, precisamente por eso, no han sido capaces de asegurar la justicia que prometían. Como he afirmado en la Encíclica </em></strong><strong>Spe salvi</strong><strong>,<em> se elimina así de la historia la esperanza cristiana, que no obstante es un poderoso recurso social al servicio del desarrollo humano integral, en la libertad y en la justicia” (34).</em></strong></p>
<p>El antídoto ante las derrrotas humanas provocadas por la actuación inmoral de las personas es la búsqueda de la esperanza como puerta de la felicidad humana: <strong><em>“ La esperanza sostiene a la razón y le da fuerza para orientar la voluntad. Está ya presente en la fe, que la suscita. La caridad en la verdad se nutre de ella y, al mismo tiempo, la manifiesta. Al ser un don absolutamente gratuito de Dios, irrumpe en nuestra vida como algo que no es debido, que trasciende toda ley de justicia. Por su naturaleza, el don supera el mérito, su norma es sobreabundar. Nos precede en nuestra propia alma como signo de la presencia de Dios en nosotros y de sus expectativas para con nosotros. La verdad que, como la caridad es don, nos supera, como enseña San Agustín. Incluso nuestra propia verdad, la de nuestra conciencia personal, ante todo, nos ha sido «dada». En efecto, en todo proceso cognitivo la verdad no es producida por nosotros, sino que se encuentra o, mejor aún, se recibe. Como el amor, «no nace del pensamiento o la voluntad, sino que en cierto sentido se impone al ser humano»”</em></strong> (34)</p>
<p>Haciendo el análisis profundo de este fragmento, nos damos cuenta de la urgente necesidad que tenemos de ponernos frente a la verdad para aclarar nuestras circunstancias y dudas. En la búsqueda de la felicidad que está la realización plena del ser humano.</p>
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		<title>Sin amor sólo hay  oscuridad</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Dec 2011 04:18:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Guzmán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Eco interior]]></category>
		<category><![CDATA[Eco Interior]]></category>
		<category><![CDATA[Mons. Rogelio Cabrera L.]]></category>

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		<description><![CDATA[Sin amor sólo hay  oscuridad “Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron” (Jn 1, 3) Mons. Rogelio Cabrera López El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center"><strong><a href="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2011/12/Mons-Rogelio-y-Pbro-Oscar-Juárez.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-12166" title="Mons Rogelio y Pbro Oscar Juárez" src="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2011/12/Mons-Rogelio-y-Pbro-Oscar-Juárez-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Sin amor sólo hay  oscuridad</strong></p>
<p style="text-align: left;"><em>“Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron</em>”<br />
(Jn 1, 3)</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Mons. Rogelio Cabrera López</p>
<p>El tiempo que vivimos de Navidad, tiene la particularidad de acercarnos con mayor amplitud a la reflexión y a la vivencia del  amor. Sobre todo porque el amor se expone no como algo reducido a sentimiento, o acciones filantrópicas, sino como referido a una persona concreta: Jesús.</p>
<p>En efecto, la Navidad no es tal, si se saca de ella a Jesucristo. Él nos habla del amor y de la luz. Quiere que el hombre y la  mujer de cada época salgan de su oscuridad. No podemos negar que vivir en el egoísmo o el odio; en la venganza o el pecado, nos envuelve en las  tinieblas y nos ciega en nuestro actuar y vivir. El amor aclara la mente y permite a la persona actuar con claridad. El amor ilumina la razón y la enriquece y la razón acompañada del amor tiene horizontes inmensos.</p>
<p>Vivir sin amor, nos sumerge  en la oscuridad. No nos permite el desarrollo. Lo vemos claramente, cuando en una sociedad se vive en la guerra o  la corrupción; allí  las personas no  pueden  desarrollarse integralmente; solo caminan  hacia su propia destrucción.</p>
<p>El Papa Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate nos ayuda a reflexionar sobre estos puntos cuando expone que el verdadero desarrollo implica todo concurra hacia la persona, incluso la doctrina que lo orienta debe ser asumida en un contexto amplio. En el desarrollo la caridad es el eje donde se mueven todos los componentes sociales y de modos particular el saber: <strong><em>“El tema del desarrollo humano integral adquiere un alcance aún más complejo: la correlación entre sus múltiples elementos exige un esfuerzo para que los diferentes ámbitos del saber humano sean interactivos, con vistas a la promoción de un verdadero desarrollo de los pueblos…” (30).</em></strong></p>
<p>La caridad y la recta inteligencia se entrelazan perfectamente en la búsqueda del bien de la persona y de la humanidad. Cuando el mundo reclama el ingrediente del amor en la dinámica social es porque nadie puede en nombre de las ideas dañar a alguien y nadie podrá inteligentemente actuar sin la caridad: “<strong><em> La caridad no excluye el saber, más bien lo exige, lo promueve y lo anima desde dentro. El saber nunca es sólo obra de la inteligencia. Ciertamente, puede reducirse a cálculo y experimentación, pero si quiere ser sabiduría capaz de orientar al hombre a la luz de los primeros principios y de su fin último, ha de ser «sazonado» con la «sal» de la caridad. Sin el saber, el hacer es ciego, y el saber es estéril sin el amor. En efecto, «el que está animado de una verdadera caridad es ingenioso para descubrir las causas de la miseria, para encontrar los medios de combatirla, para vencerla con intrepidez». Al afrontar los fenómenos que tenemos delante, la caridad en la verdad exige ante todo conocer y entender, conscientes y respetuosos de la competencia específica de cada ámbito del saber. La caridad no es una añadidura posterior, casi como un apéndice al trabajo ya concluido de las diferentes disciplinas, sino que dialoga con ellas desde el principio. Las exigencias del amor no contradicen las de la razón. El saber humano es insuficiente y las conclusiones de las ciencias no podrán indicar por sí solas la vía hacia el desarrollo integral del hombre. Siempre hay que lanzarse más allá: lo exige la caridad en la verdad. Pero ir más allá nunca significa prescindir de las conclusiones de la razón, ni contradecir sus resultados. No existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor.” </em></strong>(30)</p>
<p>Así es como podemos entender que el amor debe ser integral. Sólo donde la totalidad de la persona es tomada en cuenta, hay desarrollo pleno. La vocación y la misión de cada uno cumple sus expectativas cuando pone en juego su inteligencia y sus afectos. Un papá, una mamá, un gobernante o un pastor deber actuar con inteligencia afectiva y con amor inteligente. El amor no anula la inteligencia ni la ciega y la inteligencia no logra nada sin el amor.</p>
<p>La Palabra de Dios, que es Jesucristo, nos ilumina y dispone al amor: “De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia…la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo”.</p>
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		<title>No hay imposibles</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Dec 2011 23:50:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Guzmán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Eco interior]]></category>
		<category><![CDATA[Mons. Rogelio Cabrera L.]]></category>

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		<description><![CDATA[No hay imposibles “Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. Lc 1, 26-38 Mons. Rogelio Cabrera López Algunas veces, hemos sido testigos, ojalá que no de parte de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center"><strong>No hay imposibles</strong></p>
<p><img class="alignright size-medium wp-image-5942" style="border-style: initial; border-color: initial;" title="navidad_carrusel" src="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2010/12/navidad_carrusel-300x120.jpg" alt="" width="300" height="120" /></p>
<p style="text-align: left;">“<strong><em>Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios</em></strong>”. Lc 1, 26-38</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Mons. Rogelio Cabrera López</p>
<p>Algunas veces, hemos sido testigos, ojalá que no de parte de todos, de actitudes pasivas; expresadas en las frases; “yo soy así y no puedo cambiar”; “ya soy demasiando viejo para hacerlo”; “no me nace”, etc.</p>
<p>Este lenguaje refleja cierta inercia y poco deseo de luchar. La pasividad tiene las características de la pereza y quiere ser en cierto modo su justificación. La incapacidad de actuar acentúa la indiferencia y lleva a la inoperancia. La pasividad es en sí misma estéril.</p>
<p>La vida es fértil cuando se abona con las virtudes y éstas dominan los vicios y también cuando la inteligencia se impone sobre la irracionalidad. Los males de la injusticia y la pobreza son resultado de la ignorancia y de los  egoísmos. Las religiones deberían cuidar el uso de la razón  y dar clarividencia, ya que los fanatismos evidencian lo más negativo del ser humano, porque se justifican  en Dios los odios y la falta de respeto a la persona.</p>
<p>El Papa Benedicto XVI en su encíclica Caritas in Veritate, nos dice que: <strong><em>“En efecto, hoy se mata frecuentemente en el nombre sagrado de Dios, como muchas veces ha manifestado y deplorado públicamente mi predecesor Juan Pablo II y yo mismo. La violencia frena el desarrollo auténtico e impide la evolución de los pueblos hacia un mayor bienestar socioeconómico y espiritual. Esto ocurre especialmente con el terrorismo de inspiración fundamentalista, que causa dolor, devastación y muerte, bloquea el diálogo entre las naciones y desvía grandes recursos de su empleo pacífico y civil” (29).</em></strong></p>
<p>Los pueblos no sólo necesitan satisfacer sus necesidades naturales. Requieren también de los bienes espirituales. La fe y la vida espiritual son también patrimonio de la humanidad y un bien necesario. Una concepción religiosa adecuada es garantía de desarrollo integral: “<strong><em>No obstante, se ha de añadir que, además del fanatismo religioso que impide el ejercicio del derecho a la libertad de religión en algunos ambientes, también la promoción programada de la indiferencia religiosa o del ateísmo práctico por parte de muchos países contrasta con las necesidades del desarrollo de los pueblos, sustrayéndoles bienes espirituales y humanos. Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre en cuanto, habiéndolo creado a su imagen, funda también su dignidad trascendente y alimenta su anhelo constitutivo de «ser más». El ser humano no es un átomo perdido en un universo casual, sino una criatura de Dios, a quien Él ha querido dar un alma inmortal y al que ha amado desde siempre. Si el hombre fuera fruto sólo del azar o la necesidad, o si tuviera que reducir sus aspiraciones al horizonte angosto de las situaciones en que vive, si todo fuera únicamente historia y cultura, y el hombre no tuviera una naturaleza destinada a transcenderse en una vida sobrenatural, podría hablarse de incremento o de evolución, pero no de desarrollo”(Ibíd.).</em></strong></p>
<p>Los estados y gobiernos democráticos, respetando  la libertad religiosa, facilitan a los ciudadanos crecer en todos los sentidos y alcanzar todo aquello que parecería imposible. Cuando un gobernante o un sistema de poder quieren controlar en su propio interés las Iglesias y las diversas comunidades religiosas dan una señal clara de autoritarismo que podría desembocar tarde o temprano   en dictadura. Un gobierno represor limita la expresión plena de la persona. La libertad religiosa es por ello el termómetro de la verdadera democracia y del desarrollo integral:”<strong><em> Cuando el Estado promueve, enseña, o incluso impone formas de ateísmo práctico, priva a sus ciudadanos de la fuerza moral y espiritual indispensable para comprometerse en el desarrollo humano integral y les impide avanzar con renovado dinamismo en su compromiso en favor de una respuesta humana más generosa al amor divino. Y también se da el caso de que países económicamente desarrollados o emergentes exporten a los países pobres, en el contexto de sus relaciones culturales, comerciales y políticas, esta visión restringida de la persona y su destino. Éste es el daño que el «superdesarrollo» produce al desarrollo auténtico, cuando va acompañado por el «subdesarrollo moral». </em></strong>(29)</p>
<p>Si hemos llegado a estos momentos de violencia, de indiferencia, de egoísmo y de fanatismo, es porque nos hemos quedado estériles. Dios nos pide disponibilidad de escucha y de constancia para realizar lo que nos toca con verdadera alegría y libertad.</p>
<p>Los derechos y obligaciones se pueden quedar yertos cuando no los conocemos,  no los vivimos y  no los asumimos con amor. Cristo se ha hecho uno de nosotros, se ha hecho carne, y ha querido vivir bajo la ley, por eso nos ha llamado a transformar nuestro ambiente en sendero de luz y de vida. El futuro es posible donde se ganan libertades. Dios sigue haciendo milagros, allí donde las personas se disponen a dar frutos de eternidad.</p>
<p>El tiempo que vivimos de Navidad, precisamente tiene como objetivo presentarnos que para Dios nada es imposible. Que Jesús ha nacido para disipar las oscuridades y pasividades en las que nos vamos hundiendo.  Algo es imposible si dependiera únicamente de nosotros. Pero no estamos solos. Hay cerca de nosotros alguien que sí es fuerte. Toda la debilidad humana se convierte en fortaleza  en los hombres de fe que confían humildemente en Dios.</p>
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		<title>Respeto a la vida</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Dec 2011 13:50:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Guzmán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Eco interior]]></category>
		<category><![CDATA[Mons. Rogelio Cabrera L.]]></category>

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		<description><![CDATA[Respeto a la vida “Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio del él. Él no era la luz, sino testigo de la luz”.  (Jn 1, 6-7) Mons. Rogelio Cabrera López La vida es el don más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center"><a href="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2011/08/niños.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-10246" title="niños" src="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2011/08/niños.jpg" alt="" width="170" height="128" /></a>Respeto a la vida</p>
<p>“<strong><em>Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio del él. Él no era la luz, sino testigo de la luz”.</em></strong>  (<strong>Jn 1, 6-7)</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="right">Mons. Rogelio Cabrera López</p>
<p>La vida es el don más grande que tenemos. Por este don, es que podemos hablar de todo lo demás. Sin la vida no habría la posibilidad de desarrollar todo. La vida, como don de Dios, debe ser respetado en todas sus etapas. De ninguna manera se puede truncar o frustrar, porque tenemos la vocación de realizarnos en la vida.</p>
<p>Toda creatura, de manera especial, el ser humano, tiene la capacidad de desarrollar la vida de manera integral. Poseyendo la libertad, tenemos la posibilidad de optar siempre por vivir en armonía.</p>
<p><img class="alignright size-medium wp-image-7839" style="border-style: initial; border-color: initial;" title="CIMG3433 (Mediana)" src="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2011/02/CIMG3433-Mediana-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></p>
<div>Si llegara a faltar el respeto de la vida ¿Cómo podemos hablar de algo más? ¿De qué otro respeto podríamos r<br />
El Papa Benedicto XVI en su encíclica Cáritas in Veritate, nos recuerda sobre el respeto a la vida: <strong><em>“Uno de los aspectos más destacados del desarrollo actual es la importancia del tema del respeto a la vida, que en modo alguno puede separarse de las cuestiones relacionadas con el desarrollo de los pueblos. Es un aspecto que últimamente está asumiendo cada vez mayor relieve, obligándonos a ampliar el concepto de pobreza y de subdesarrollo a los problemas vinculados con la acogida de la vida, sobre todo donde ésta se ve impedida de diversas formas. La situación de pobreza no sólo provoca todavía en muchas zonas un alto índice de mortalidad infantil, sino que en varias partes del mundo persisten prácticas de control demográfico por parte de los gobiernos, que con frecuencia difunden la contracepción y llegan incluso a imponer también el aborto. En los países económicamente más desarrollados, las legislaciones contrarias a la vida están muy extendidas y han condicionado ya las costumbres y la praxis, contribuyendo a difundir una mentalidad antinatalista, que muchas veces se trata de transmitir también a otros estados como si fuera un progreso cultural(28).</em></strong>eferirnos? Inclusive en relación a Dios, porque Dios es el principio de la vida. Dios es vida.Como siempre los pobres son los que sufren las consecuencias del abuso de  los poderosos, que los obligan a aceptar las prácticas abortistas: “<strong><em>Algunas organizaciones no gubernamentales, además, difunden el aborto, promoviendo a veces en los países pobres la adopción de la práctica de la esterilización, incluso en mujeres a quienes no se pide su consentimiento. Por añadidura, existe la sospecha fundada de que, en ocasiones, las ayudas al desarrollo se condicionan a determinadas políticas sanitarias que implican de hecho la imposición de un fuerte control de la natalidad. Preocupan también tanto las legislaciones que aceptan la eutanasia como las presiones de grupos nacionales e internacionales que reivindican su reconocimiento jurídico. </em></strong> (28)</p>
<p>El Papa hace esta reflexión en tono del desarrollo de los pueblos, pero podemos reconocer que implícitamente está el desarrollo de cada ser humano, sin el cual no hay crecimiento en la sociedad. Todo lo que atenta contra la vida, debe ser erradicado:<strong><em>“La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo. Cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida, acaba por no encontrar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social. La acogida de la vida forja las energías morales y capacita para la ayuda recíproca. Fomentando la apertura a la vida, los pueblos ricos pueden comprender mejor las necesidades de los que son pobres, evitar el empleo de ingentes recursos económicos e intelectuales para satisfacer deseos egoístas entre los propios ciudadanos y promover, por el contrario, buenas actuaciones en la perspectiva de una producción moralmente sana y solidaria, en el respeto del derecho fundamental de cada pueblo y cada persona a la vida”.</em></strong> (ibid, 28)</p>
<p>La Navidad que preparamos nos remite constantemente a la vida. A la vida concreta de Jesús que ha querido estar en medio de nosotros como el Emmanuel: <em>Dios con nosotros, </em>para vivir nuestra vida, porque para Él  la ve muy importante. Aun cuando hay muchos Herodes que quieren destruir vidas humanas, debemos salir adelante, porque la Iglesia y todo hombre de buena voluntad debe ser esa estrella que guía por el camino de la justicia, del amor y del respeto por la vida humana.</p>
</div>
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		<title>Actuar con rectitud</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Dec 2011 14:37:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Guzmán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Eco interior]]></category>
		<category><![CDATA[Mons. Rogelio Cabrera L.]]></category>

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		<description><![CDATA[Actuar con rectitud “Preparen el camino del Señor en el desierto, construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios. Que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen; que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane”. Is 40, 3-4 Mons. Rogelio Cabrera López Todos esperamos que las personas actúen [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center"><a href="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2011/12/000189.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-11914" title="orando" src="http://arquidiocesisdetuxtla.org.mx/wp-content/uploads/2011/12/000189-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>Actuar con rectitud</p>
<p style="text-align: left;"><em>“Preparen el camino del Señor en el desierto, construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios. Que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen; que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane”.</em> Is 40, 3-4</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Mons. Rogelio Cabrera López</p>
<p>Todos esperamos que las personas actúen con rectitud. Deseamos que siempre  haya sinceridad y honestidad. Que las conciencias dicten rectamente el proceder de nuestras decisiones.</p>
<p>Somos testigos de las fatalidades que se viven cuando no se actúa con rectitud. Cuando se abusa de los demás y de sus buenas intenciones. Cuando el poder o el tener, se convierten en la clave de las acciones.</p>
<p>Muchas personas actúan sin  pensar  en las catastróficas consecuencias de la injusticia y de la inmoralidad. Estamos invitados a enderezar nuestra vida, nuestras acciones, nuestras intenciones; pues cuando se hacen las cosas con doblez o dolo; o con intereses mezquinos, degradamos a la persona y su dignidad, ya sea de manera individual o social.</p>
<p>Las consecuencias sociales, políticas y económicas que padecemos, son ejemplo de la falta de rectitud de algunas personas o grupos y que están afectando a todo el tejido social.</p>
<p>El Papa Benedicto XVI, nos advierte claramente sobre el riesgo de separar las relaciones que deben darse entre naturaleza y cultura. Una cultura auténtica está siempre basada en el respeto a la naturaleza humana y  a la creación: <strong><em>“</em></strong><strong><em> El eclecticismo y el bajo nivel cultural coinciden en separar la cultura de la naturaleza humana. Así, las culturas ya no saben encontrar su lugar en una naturaleza que las transciende, terminando por reducir al hombre a mero dato cultural. Cuando esto ocurre, la humanidad corre nuevos riesgos de sometimiento y manipulación” </em></strong>(Caritas in veritate 26)<strong><em> </em></strong></p>
<p>Asimismo el Papa, remarca que la escasez de recursos materiales para las inmensas mayorías que sufren la pobreza tiene una causa moral. Donde no hay rectitud abunda la pobreza: “<strong><em>En muchos países pobres persiste, y amenaza con acentuarse, la extrema inseguridad de vida a causa de la falta de alimentación: el hambre causa todavía muchas víctimas entre tantos Lázaros a los que no se les consiente sentarse a la mesa del rico epulón, como en cambio Pablo VI deseaba. Dar de comer a los hambrientos (cf. Mt 25,35.37.42) es un imperativo ético para la Iglesia universal, que responde a las enseñanzas de su Fundador, el Señor Jesús, sobre la solidaridad y el compartir. Además, en la era de la globalización, eliminar el hambre en el mundo se ha convertido también en una meta que se ha de lograr para salvaguardar la paz y la estabilidad del planeta. El hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional” (27).</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong>La pobreza tiene también raíces institucionales, porque no sólo las personas son egoístas e inmorales sino también las instituciones: “<strong><em>Es decir, falta un sistema de instituciones económicas capaces, tanto de asegurar que se tenga acceso al agua y a la comida de manera regular y adecuada desde el punto de vista nutricional, como de afrontar las exigencias relacionadas con las necesidades primarias y con las emergencias de crisis alimentarias reales, provocadas por causas naturales o por la irresponsabilidad política nacional e internacional. El problema de la inseguridad alimentaria debe ser planteado en una perspectiva de largo plazo, eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres mediante inversiones en infraestructuras rurales, sistemas de riego, transportes, organización de los mercados, formación y difusión de técnicas agrícolas apropiadas, capaces de utilizar del mejor modo los recursos humanos, naturales y socio-económicos, que se puedan obtener preferiblemente en el propio lugar, para asegurar así también su sostenibilidad a largo plazo. Todo eso ha de llevarse a cabo implicando a las comunidades locales en las opciones y decisiones referentes a la tierra de cultivo. En esta perspectiva, podría ser útil tener en cuenta las nuevas fronteras que se han abierto en el empleo correcto de las técnicas de producción agrícola tradicional, así como las más innovadoras, en el caso de que éstas hayan sido reconocidas, tras una adecuada verificación, convenientes, respetuosas del ambiente y atentas a las poblaciones más desfavorecidas. Al mismo tiempo, no se debería descuidar la cuestión de una reforma agraria ecuánime en los países en desarrollo” </em></strong>(Ibid., 27).<strong><em></em></strong></p>
<p>Todos los derechos humanos y sociales se basan en el derecho a la vida, por eso donde se salvaguarda la vida, los demás derechos son respetados:<strong><em> “El derecho a la alimentación y al agua tiene un papel importante para conseguir otros derechos, comenzando ante todo por el derecho primario a la vida. Por tanto, es necesario que madure una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones. Es importante destacar, además, que la vía solidaria hacia el desarrollo de los países pobres puede ser un proyecto de solución de la crisis global actual, como lo han intuido en los últimos tiempos hombres políticos y responsables de instituciones internacionales. Apoyando a los países económicamente pobres mediante planes de financiación inspirados en la solidaridad, con el fin de que ellos mismos puedan satisfacer las necesidades de bienes de consumo y desarrollo de los propios ciudadanos, no sólo se puede producir un verdadero crecimiento económico, sino que se puede contribuir también a sostener la capacidad productiva de los países ricos, que corre peligro de quedar comprometida por la crisis”. </em></strong>(Ibid.,27).<strong><em></em></strong></p>
<p>A los creyentes cada año se les hace un recordatario y una llamada urgente a vivir en rectitud, a cambiar todo lo malo, a corregir lo chueco. La inmoralidad genera pobreza y sufrimiento.</p>
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